Reseña: Agatha Raisin y la quiche letal, de M. C. Beaton (traducción de Vicente Campos González)

 


Agatha Raisin se lía la manta a la cabeza y decide marcharse de Londres para saborear las mieles de una jubilación anticipada en un tranquilo pueblo de los Cotswolds, donde no tarda en aburrirse como una ostra. Desplegar su talento para la alta cocina en el concurso gastronómico de la parroquia tendría que convertirla, por fuerza, en una celebridad. Sin embargo, al primer bocado de su exquisita quiche, el juez del concurso cae desplomado y Agatha se ve obligada a confesar la amarga verdad: la quiche letal era comprada. No hay más que una solución para que la perdonen: meterse en harina y desenmascarar ella misma al asesino.

 

Agatha Raisin decide jubilarse antes de tiempo y cumplir su sueño: vivir en la idílica campiña inglesa. Pero la realidad se aleja mucho de ese ideal. Para intentar encajar, decide presentarse a un concurso de quiches. ¿Resultado? Es acusada de asesinar a uno de los jueces. Solo puede hacer una cosa: averiguar quién le quiere cargar el muerto.

Pero todo lo demás podía esperar. Agatha Raisin, la detective, estaba dispuesta a resolver «El misterio de la quiche letal» ella sola. 


    Agatha Raisin y la quiche letal es una novela de misterio, concretamente entraría en el llamado cozy crime ('crímenes agradables'), por su características que iremos viendo a lo largo de esta reseña. Está escrita en tercera persona en pasado, siguiendo los pasos de Agatha, a excepción de un par de escenas, que sirven para ver qué piensan los habitantes del pueblo de Agatha y sus peculiaridades.

   
    El personaje de Agatha es fresco, pues se aleja de los típicos personajes carismáticos o agradables. Todo lo contrario. Suele decir las cosas que le pasan por la cabeza y en más de una ocasión me he encontrado hablándole al libro y decirle a la prota: «No, Agatha. La vas a liar más». Es una mujer con carácter fuerte y no muy agradable, y a la que socializar no es su punto fuerte.   

Agatha se quedó allí unos minutos, triste, mirando cómo el tren se perdía de vista tras una curva, y luego volvió al aparcamiento. Tenía un poco de miedo y se arrepintió de no haberlos acompañado a Londres. ¿Cómo se le ocurrió dejar el trabajo? Pero ahora su hogar estaba en Carsley, en un pliegue de los montes Cotswolds; Carsley, donde se había deshonrado a sí misma, el pueblo al que no pertenecía ni pertenecería nunca.


    Al ser el punto de vista de la protagonista el que nos guía por la historia, vemos cómo todas las etapas de aclimatación de Agatha (o la lucha por ello), mientras se va metiendo cada vez más en la investigación del asesinato, a veces queriendo y otras sin querer.

 

    Por su parte el misterio en sí, sin revelar spoilers, está bien llevado: un buen ritmo y suspense, sin llegar a ser pesado ni rebuscado. Cada pista se va introduciendo en su momento ideal. El asesinato no es fuerte y el proceso de descubrir el quién lo ha hecho es sencillo, sin los procesos específicos de las novelas policíacas.

 

    Además, la ambientación sirve a modo de ayuda para entender a los personajes y las diferentes de pensamiento y acción que hay. El pueblo idílico es el típico que de la campiña inglesa que aparecen en las novelas de misterio, en el que cualquiera es sospechosos porque todos se conocen y todos tienen motivos.

 

    Finalmente, mencionar el trabajo de traducción de Vicente Campos González, pues he disfrutado mucho de su traducción.


    Definitivamente, Agatha Raisin y la quiche letal es una novela muy recomendada para amantes de los misterios en pueblos idílicos; y a ser posible leerlo bajo una manta y una taza calentita en la mano. Un buen plan para este otoño. ¿No crees?

 

 

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