Reseña: El verano que inventamos la nieve, de Ana Draghia


Lucile acaba de llegar a la Villa dei Cardellini, en la Toscana, donde va a convivir con el novio de su madre y su hijo, Timmy. La villa, con sus luces y sus sombras, se convierte en un lugar lleno de sensaciones y recuerdos en el que Lu redescubre el verdadero significado de la familia, los sueños y el amor, pero también se topa con un oscuro secreto que se remonta a 1930.
¿Qué hay de verdad en la antigua leyenda que asegura que la casa está habitada por los fantasmas de Beatrice y sus jilgueros?
¿Y si después de todo el amor no es suficiente para salvarnos del olvido?

 

Por mucho que Lucile no quiera tiene que pasar el verano de 1981 con en Italia con el novio de su madre y el hijo de este, Timothée. Sin embargo, nunca pensó que el pasado de la Villa dei Cardellini pudiera cambiarlo todo. ¿Quién es Beatrice?

Después de todo, quizá la nieve se inventó en verano, bajo un cielo estrellado como este. A lo mejor, los dioses tomaron las estrellas del firmamento y las dejaron caer porque guardaban los deseos que nunca podrían concederles a quienes pidieron. Las hicieron regresar a la tierra para encontrar un hogar más cálido en el que morir.

     El verano que inventamos la nieve es una novela romántica con toques paranormales. Está dirigida a un público juvenil y es autoconclusiva. Está escrito en primera persona en presente y los capítulos (ni muy largos ni muy cortos) siguen el punto de vista de Lucile, principalmente, y de Timothée. El lenguaje que la autora utiliza en muchas ocasiones es poético y el ritmo de la novela es calmado, pero en ningún momento es pesado, ni aburrido.


Lucile es una tormenta de nieve que se está instalado en la Villa dei Cardellini con sus silencios y esa forma de mirarme que me resulta contradictoria: una mezcla de hastío y de curiosidad.


    En cuanto a los personajes, la historia se centra en Lucile, una joven francesa que un pasado muy trágico que tiene que pasar el verano en la casa del novio de su madre y al hijo de este. Ella no quiere estar allí, quiere que la dejen en paz, y así se lo hace saber a todo el mundo a cada oportunidad que tiene. En este sentido, Lucile es un personaje complejo. Eso sí, al centrarse la historia en ella tanto, es muy fácil ver sus cambios, tanto en cómo se relaciona con los demás como con sus propios miedos y sentimientos. 

 

    Por otra parte, tenemos a Timothée, un joven francés con el que más encontronazos tiene Lucile, pero también es el causante de los grandes cambios de la joven. A pesar de los capítulos con su punto de vista, algunos de sus comportamientos no se llegan a entender bien y dan lugar a malinterpretanciones por parte del lector.


    Los personajes secundarios solo los conocemos a través de la perspectiva nada parcial de los personajes, lo que permite comprender bien los sentimientos y la relación que tienen Lucile y Timothée con todo el mundo.


     Eso sí, la ambientación de la historia es increíble. Los escenarios están muy bien descritos, casi da la sensación de estar en la Toscana y en 1981. El ritmo calmado acompaña perfectamente al verano que se nos describe, con escenas muy típicas de la época.

Quiero decirle que la que me ha asustado ha sido ella. Ella, llena de sueños sin cumplir. Ella, llena de congoja. Ella, que se ha abierto y me ha contado algo personal.


    Si hablamos de los temas que trata la novela, además de la relación romántica que vemos en el típico enemies to lovers, también tiene mucho peso la relación con la familia y contigo mismo. Muchos de los problemas que vemos en la novela están relacionados con el pasado y con encontronazos con la familia, amigos y con uno mismo. En este último punto, destacar el tratamiento a la salud mental que se hace en la historia, muy bien retratada y diferente a lo que solemos encontrarnos.

[...] parece que estamos manchado del rojo de las heridas, de las pérdidas, del amor. Somos cicatrices del pasado que nos arrastramos en silencio, no nos atrevemos a no tener miedo [...].

    

    Por lo que respecta al tema paranormal, me ha sorprendido. Pensaba que iba a tener más protagonismo. Sin embargo, sirve como medio para que los protagonistas sanen sus miedos y se enfrentan al pasado, respectivamente.


    En resumen, El verano que inventamos la nieve es una historia de amor con toques paranormal donde los personajes aprenden a aceptar las heridas del pasado en la Toscana del verano de 1981. Una historia con una escritura muy bella que demuestra que «el verano nunca es solo verano».



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